CONTEMPLATIVAS SIERVAS DE MARÍA

El ideal de servir a Dios como lo sirvió la Virgen, ideal vivido y encarnado por los primeros Padres Fundadores de la Orden de los Siervos de María, quedó vivo en el tiempo y encantó a hombres y mujeres de toda categoría social y estado de vida.

Entre todos ellos, se destaca Santa Juliana Falconieri, mujer del siglo XIII, iniciadora de la rama femenina de la Orden de los Siervos de María, quien vivió en Florencia y que eligió ser virgen.

En el curso de los siglos, todas las formas de vida religiosa femenina (monástica y apostólica) y ahora laical, que surgieron atraídas por el carisma de los Siete Santos Fundadores, se inspiraron en ella, en el don de sí misma a Dios y a los hombres.

Monasterio de Roma, Italia

Injertados en el movimiento espiritual de la Orden de los Siervos de María, surgieron a lo largo de los siglos, Monasterios de hermanas consagradas al seguimiento de Cristo, en la oración, en la soledad de Nazareth del desierto y del monte.
En italia, entre otros, surgió en Roma nuestro Monasterio, hacia el final del 1700, dedicado a la Virgen de los Dolores. Fue aprobado en 1803 por el Papa Pío VII que, personalmente , se dignó ir al Monasterio para dar el hábito y recibir los votos de la primeras doce postulantes.

Monasterio de Celaya, Guanajuato, México

La Orden de los Siervos de María, solicitó varias veces al Monasterio de Roma para que extendiera su presencia a fuera de la Europa. Fue así que, desde 1989, nos encontramos en Celaya, Gto., para implantar también en tierra mexicana, la dimensión contemplativa de los siervos de María y hacer conocer nuestro carisma de amor a María, de amistad fraterna, de oración y contemplación, de soledad y de silencio.

En la oración y en el silencio, la búsqueda del amor de Dios, en comunión fraterna, en el servicio a la Virgen a los hombres y a los hermanos; en el estudio y en el trabajo.

Su jornada es organizada de tal forma a dar el primer lugar al culto de Dios: celebración Eucarística, centro de nuestra oración litúrgica; la celebración de la Liturgia de las horas que realiza la presencia de Cristo orante, santifica el día y toda la operosidad humana.

Dedican amplio espacio al estudio y a la meditación de la Palabra de Dios y alaban a la Virgen, a la cual está dedicada su vida, con oraciones y cantos, encomendando la humanidad entera a Dios, a través de Ella.

Su jornada transcurre en el silencio, que se hace palabra en los capítulos, en los recreos y otros momentos fraternos. También cuando la gente las busca para recibir una palabra de conforto y de esperanza.

Viven de su trabajo concretizado en la confección de paramentos sagrados y de costura en general.

 

Etapas