Convento de “Santa María”
Teologado
Xochimilco, Cd. de México

Xochimilco, pueblo antiguo del Distrito Federal, caracterizado por sus típicos canales y chinampas, donde el mexicano y el extranjero pasea en las trajineras adornadas de flores de muchos colores. Lugar de tradiciones religiosas con trasfondo cultural prehispánico, es la mejor expresión de la cultura azteca: la flor y el canto.

La comunidad de Santa María de Xochimilco tiene un lugar privilegiado en el corazón de la Provincia Mexicana, ya que es uno de los primeros conventos de la naciente presencia de la Orden de los Siervos de María en México.

La historia narra que, por los años de 1951 ó 1952, se sintió la necesidad de trasladar a otro sitio la primera casa de formación establecida en la zona deTlalpan. Por tanto, el convento de Xochimilco, como comunidad, nace el 15 de octubre de 1952, al comprarse una antigua propiedad y al anexar otro terreno para la construcción del dormitorio y salones de clases..., en donde se alojarían los jóvenes seminaristas.

Adaptándola a las exigencias del seminario menor, se construyó también una hermosa y moderna capilla para las funciones litúrgicas. A lo largo de sus 45 años de vida, esta comunidad ha llegado a adquirir una fisonomía propia como "casa de formación".

En efecto, desde sus inicios y por muchos años fue sede del seminario menor (1952-1980). En su primera etapa, se impartieron allí las materias de secundaria y preparatoria; después, al enviarse a los aspirantes a instituciones extemas a estudiar preparatoria, se dieron en esta casa clases complementarias como latín, canto, liturgia, historia de la Orden, y otras.

De 1980 a 1985, albergó a los profesos filósofos, quienes salían del convento a estudiar con los frailes franciscanos, en Santa Úrsula, Coapa. Durante estos años, la casa se ha transformado un poco, ya que ha sido afectada en sus edificios por los constantes movimientos telúricos propios del centro de la República; y no han sido menores los cambios determinados por los superiores, lo que hace unos años propició la venta de buena parte del predio del seminario, y la construcción de un edificio nuevo, con celdas, biblioteca, cocina, comedor..., donde actualmente se albergan nuestros estudiantes.

De 1985 a 1988, la comunidad fue sede de acogida vocacional para vocaciones adultas o que ya habían terminado sus estudios de preparatoria, iniciando la formación para la vida religiosa con experiencias de seis meses y un programa intensivo de preparación al noviciado.

De 1988 a 1997, fue sede del prenoviciado, etapa formativa que se ha definido como un año cronológico, durante el cual, todo candidato debía pasar por esta comunidad, a fm de apropiarse de las cualidades que lo dispusieran a vivir su vocación a la vida religiosa, en preparación al noviciado.

En la actualidad, la fisonomía de la casa también presenta una novedad, ya que en ella residen los jóvenes profesos estudiantes de teología, quienes asisten a clases en la Pontificia Universidad de México y quienes, en razón de la duración de esta etapa de estudios, deben vivir en esta comunidad durante cuatro años.

Cualquiera de los frailes de la Provincia Mexicana siempre tendrá remembranzas gratas de este lugar, ya por su gente generosa y fiestera (en cuya intimidad anida ancestralmente el espíritu expresado en los poemas de Nezahualcóyotl: "al menos flores, al menos canto”), ya por los recuerdos pintorescos acumulados por las experiencias de antaño.

La presencia de la Orden en ese rincón del Dsitrito Federal ha arraigado en el servicio a la gente y a las parroquias de la zona. La expresión mariana de nuestro carisma es estimada y buscada por jóvenes y adultos, y ha dado origen a grupos en torno a la comunidad, como la Orden seglar, estudiantina, jóvenes y amigos incondicionales. A su vez, se ha ofrecido la dirección espiritual buscada, la participación en las iniciativas religiosas y culturales que a lo largo de los años han producido los diferentes grupos de seminaristas y frailes profesos, que han transitado por este convento.

Es, pues, una comunidad que se ha distinguido por cierto estilo y ritmo de vida de oración, servicio apostólico, estudio y convivencia con la gente autóctona.

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